Así, todo naranja II
Echada en el pasto. Carita al sol, ojos cerrados. Todo naranja. Inspirar, espirar. Agradecer.
De golpe me vino un recuerdo a la mente:
Era 2014. Yo estaba en París. Eran las 4 AM. Estaba sentada en la puerta de entrada de la Maison de l’Argentine, donde estaba parando por los tres meses de duración de mi estancia en Paris 1 Pantheon-Sorbonne. Lloraba desconsoladamente con el teléfono apoyado en la oreja. Del otro lado estaba D.
Fue una de las primeras noches de Paris. Eramos un grupo de 7 u 8 personas que llegábamos recientemente a Francia para pasar diferentes períodos de tiempo haciendo cosas de las más variadas (y fascinantes). En el grupo había un director de orquesta porteño muy premiado, una arpista porteña con una letra en su nombre que no le gustaba que tenía una beca para especializarse en el conservatorio, una psicóloga platense obsesionada con Cortázar haciendo su rotación, una médica danesa haciendo residencias y viviendo como una reina bourgeoisie-vikinga, un físico brasileño rompecorazones haciendo su doctorado en cosas que jamás entenderemos, un terapeuta ocupacional español que me hablaba todo el tiempo de la gestalt, un ingeniero (¿o geólogo?) sanjuanino haciendo un doctorado con una beca zarpada y un arquitecto porteño que me caía muy mal pero que, con el tiempo, me caería un poquito mejor. Ninguno tenía más de 23 años. Yo tenía 31.
Esa noche habíamos decidido ir “de fiesta” a la zona del canal Saint-Martin, cerca de Palais de Glases (no estoy 100% segura, pero es lo que me dice mi cerebro). Paseamos un poco por la zona, nos la habían recomendado, aparentemente estaba muy bien, no recuerdo absolutamente nada de ese paseo, ni de haber ido a algún bar, ni nada. Sí recuerdo haber bebido mucho, no recuerdo dónde ni cuándo. Seguramente era temprano, en París siempre se salía temprano.
En algún momento, caminando por alguna callecita, alguien vio por la ventana de un departamento que había una fiesta y alguien pensó que sería buena idea subir y colarnos. No recuerdo a nadie diciendo que no. Alguien saludó con la mano, contó pisos y calculó letras y finalmente, tocó timbre. Nos abrieron la puerta y entramos. Subimos, balbuceamos cosas en un francés que no convenció a nadie de que conocíamos a alguien. Bebimos más, algunos bailamos, otros aprovecharon para acercarse a francesas, alguien puso una cumbia, varios franceses nos odiaron, nos fuimos cuando el ambiente empezó a ponerse tenso.
Recuerdo caminar muchísimo, reírnos muy alto, divertirnos. Llegar a la Cité Universitaire, quedarnos horas afuera, bebiendo más, hablando hasta el agotamiento y riéndonos como desquiciados. En algún momento todos desaparecen de mi recuerdo y aparezco yo, en la noche inmensa, al teléfono, llorando.
Hablaba con D. de qué había hecho de mi vida. De por qué no había hecho todo eso antes. De cómo no quería estar ahí con 31 años. De cómo había elegido a M. y mi relación con él que había terminado unas semanas antes cuando descubrí que me era infiel. De cómo M. “me obligaba” ahora a rodearme de pendejxs y hacer esas cosas y sentirme desfasada. Hablaba sin parar de la pérdida de tiempo, de la pérdida de vida.
Lloraba sintiendo que no pertenecía, sabiendo que ya había perdido la posibilidad de pertenecer, otra vez. Hablaba tratando de poner en palabras lo viva que me sentía, intuyendo lo viva que me harían sentir cada una de las experiencias que tendría en mis viajes pero sabiendo que por muchos años no me las había permitido.
Lloraba porque esa noche me había mostrado a mi misma la vida que hubiese podido tener y no había elegido hasta ese día.
Conocería decenas, cientos de nuevas ciudades, paises, paisajes y personas y cada una de esas decenas, cientos de veces me sentiría viva y al mismo tiempo extraña, como si no perteneciera, como si la experiencia no fuera mía. Cada una de esas veces no entendería cómo llegué ahí por lo que conocería con el cuerpo, con los sentidos. Colores, olores, sabores, sonidos, texturas, temperaturas… porque mi mente nunca lo entendería. Siempre, cada una de esas veces, sentiría que ese lugar y esas personas no son del todo reales, que esa vida realmente no me pertenece, que no se quién es la persona que está ahi, pero que no es la misma que salió de Pujato. Y no lo es.
Y me sentiría viva, más viva que nunca.
🔥Me costó horrores volver. Quizás no lo notaron, pero faltaron dos newsletters en este mes. Desde mediados de septiembre todo se volvió más caos de lo normal, y si bien estas cartas se llaman Diario del Caos, a veces no logro seguirle el ritmo. Entre la mudanza, una crisis familiar a 12000 kms y la fisura del tobillo ha sido un mes muy muy dificil (y estoy dejando de lado el punteo de lo que pasa a nivel mundo que tampoco es para lograr ningún tipo de paz mental o física realmente).
¿Qué es lo que más necesité este mes? Claramente abrazos.
“El contacto físico durante un abrazo promueve la liberación de oxitocina, una hormona vinculada al afecto y al vínculo social. Además, el psicólogo clínico David Hamilton apunta que recibir entre cuatro y ocho abrazos al día puede contribuir a disminuir los niveles de cortisol, la hormona del estrés.”
Me hubiesen venido bien más abrazos.
🔥Estas semanas que estoy con baja en el trabajo y reposo casi todo el día con la pierna en alto me propuse no estar TAN pendiente de las redes sociales. ¿Adivinen si lo logré?
Por supuesto que NO. Peroooo… también dediqué tiempo a leer artículos, escuchar un par de podcast que tenia pendientes y escribir.
- Encontré esta web de ilustraciones de libros antiguos. Me parecen fascinantes, puedo pasar mucho tiempo mirando cada uno de los detalles, tratando de descifrar símbolos y mensajes ocultos.
Aqui hay material para varias vidas: https://www.oldbookillustrations.com/
- Recomiendo mucho el podcast “Fashion Neurosis” de Bella Freud (si, ni lenta ni perezosa le puso un nombre a su podcast para que todxs sepamos que en sus venas corre ESA sangre). Es la hija del artista Lucian Freud y bisnieta del gran Sigmund.
Ella es diseñadora de moda y aparentemente tiene unas cuantas celebridades como clientes, entonces decidió hacer un podcast donde las entrevista y la verdad, le salió de puta madre. Es en inglés pero en youtube se pueden poner subtítulos.
Ha tenido conversaciones muy muy interesantes con invitadxs de diferentes mundos que me parecen sumamente llamativas.
Entre los articulos que leí, y que siguen en la línea de mi
✨ CAMPAÑA PARA RECUPERAR LA ATENCIÓN ✨
1. DOOMSCROLLING - not cool
Aparentemente, han demostrado desde Harvard que hay dos poblaciones con más riesgo de caer en el doomscrolling (consumir de forma compulsiva y excesiva noticias negativas o perturbadoras a través de internet y las redes sociales, incluso cuando este comportamiento genera ansiedad y malestar):
las mujeres (siempre ahi primeritas en todos los riesgos)
personas que han sufrido traumas.
¿Por qué? Porqueeee:
El estrés alimenta nuestro impulso principal de desplazarnos por la pantalla. Estamos hipervigilantes y en modo de búsqueda de peligro. Cuanto más te desplazas, más sientes que necesitas hacerlo.
Y las mujeres se ven más afectadas porque “la mayor parte de los contenidos violentos en los medios trata sobre dañar a mujeres y niños”.
Bueno, obviamente hay motivos bastante lógicos.. les recomiendo leer la nota completa para enterarse más.
2. World Wide Worries - Amo internet. Quiero diversidad y elegir a qué darle mi atención
Ay, ¡el horror cuando me encontré con este artículo! ¿Cómo vamos a permitir que muera internet en pos de una inteligencia artificial que ignora cualquier tipo de diversidad y responde todo como un señoro rancio blanco con pelo raro dueño de la verdad?
Pocas cosas me han abierto más las puertas al mundo que internet, AMO INTERNET. Estoy eternamente agradecida de haber tenido un padre tecnófilo que compró una Commodore 360 cuando yo tenía 4 años y me mandó a aprender a programar antes de que supiera escribir sin errores de ortografía.
Pero (ya lo dije muchas veces) internet no es el smartphone y surfearla no es estar todo el día mirando IG o tik tok. Y agrego. Internet no es ninguna IA.
Escribir es abrir un nuevo camino por el terreno de la imaginación o señalar nuevos aspectos de una ruta ya conocida.
- Rebecca Solnit
¿Qué opinas? ¿Qué te gustaría compartir?
¡Nos vemos en 15!


Me encantó!